Súbita oscuridad. Definición de depresión. Ayer, lunes 26 de noviembre 2007. Beto Ortiz, canal 11.
Yo no sé cómo definirla y quiero. Entonces mi psiquiatra recomienda que haga un lista de síntomas conocidos.
Entonces hago una lista con síntomas conocidos:
Hondo vacio en el estómago. dolores constantes en la cabeza, como agujitas que hincan. Más vacio. Pensar sin pensar. Tristeza mucha. Pena, como si alguien hubiese muerto ayer. Y el vacio ya no está sólo en el estómago, ahora está en el pecho y ahora en la garganta, y ahora en la boca y la nariz, pronto no voy a saber como respirar, pienso. Y vuelvo a recordar que alguien murió ayer (aunque nadie murió ayer)
-Ya está doctor.
-Muy bien Iris
martes, 27 de noviembre de 2007
domingo, 25 de noviembre de 2007
El paraiso perdido
-Son el par de huevos fritos que hace mi mamá en el desayuno.
-Leer tranquilo en la combi y olvidarme que estoy yendo al trabajo.
-Cuando nos conectamos y llegamos al mismo tiempo.
-Calles sin baches, sin tráfico, sin contaminación. Algo así como Suiza.
-Emborracharme y despertar sanito, sin resaca.
-Ya no sentir frío después de un calientito, en Huancavelica.
-La última chupada de la pepa de mango.
(para los musulmanes es vivir eternamente junto a Alá y decenas de jóvenes virgenes. El de los católicos nunca quedó claro)
¿el mío?
Pasar10 minutos bajo el chorro de agua caliente y ser la segunda voz de Bob (generalmente en las mañanas de invierno, cuando cuesta despertar). Y Repetir a gritos desafinados no, woman, no cry... Y De rato en rato everything s gonna be all right!
¿Cómo es el paraíso para ti?
-Leer tranquilo en la combi y olvidarme que estoy yendo al trabajo.
-Cuando nos conectamos y llegamos al mismo tiempo.
-Calles sin baches, sin tráfico, sin contaminación. Algo así como Suiza.
-Emborracharme y despertar sanito, sin resaca.
-Ya no sentir frío después de un calientito, en Huancavelica.
-La última chupada de la pepa de mango.
(para los musulmanes es vivir eternamente junto a Alá y decenas de jóvenes virgenes. El de los católicos nunca quedó claro)
¿el mío?
Pasar10 minutos bajo el chorro de agua caliente y ser la segunda voz de Bob (generalmente en las mañanas de invierno, cuando cuesta despertar). Y Repetir a gritos desafinados no, woman, no cry... Y De rato en rato everything s gonna be all right!
¿Cómo es el paraíso para ti?
viernes, 23 de noviembre de 2007
Nota de Autor

Oscar y Cecilia me enseñaron a pensar con libertad, siempre.
Ursula aprendió, y hace poco fue denunciada publicamente por oponerse al abuso de una injusta autoridad. Carolina aprendió también, y hace reír con su nariz roja (o a veces la morada) a los pacientitos del hospital del niño.
Mi familia me enseñó a NUNCA callar ante lo injusto.
La nota anterior ha provocado inusitadas reacciones.
Los mails a favor, las felicitaciones de desconocidos compañeros de trabajo, el apoyo y la emoción mis amigos; hizo que mi ego creciera un 500 por ciento (ceros más, ceros menos). Cual poeta en sus principios, detenido en una callejuela polvorienta por una horda de fanáticos de la literatura: Creí que yo podía a cambiar el mundo.
Otra vez, necia yo.
Mi hermana ha hecho un muy buen comentario de la nota anterior, dice que soy una escritora caviar. Conoce ella mis peores pesadillas.
No dar más cátedras de como salvar al mundo, no enseñar en una crónica a ordenar las instituciones estatales, ni pretender solucionar en 60 líneas el problema de violencia estructural del Perú
(para eso están los políticos).
Más como Ursula y Carolina. Menos, mucho menos caviar...
miércoles, 21 de noviembre de 2007
ANÓNIMOS
-Estoy contratado 15 años. Me renuevan cada seis meses.
-Cuando salí embarazada tuve que pagarle a alguien para que me cubra. Como estoy contratada no tengo beneficios, ni siquiera por dar a luz.
-Trabajo más de 11 horas. A veces cuando salimos a alguna comisión especial tengo que cubrir casi 15.
-Quiero que me cambien a otra área, aquí la cosa es más política, te pueden sacar cada vez que entra un jefe nuevo.
-Siempre la cosa se levanta de cuando en cuando, luego se vuelve a calmar y no pasa nada. Por ejemplo en la última inspección no llegaron a este piso.
-No hay sindicato.
-Ya tengo 35 años por aquí y las cosas no cambian.
-Cuando salí embarazada tuve que pagarle a alguien para que me cubra. Como estoy contratada no tengo beneficios, ni siquiera por dar a luz.
-Trabajo más de 11 horas. A veces cuando salimos a alguna comisión especial tengo que cubrir casi 15.
-Quiero que me cambien a otra área, aquí la cosa es más política, te pueden sacar cada vez que entra un jefe nuevo.
-Siempre la cosa se levanta de cuando en cuando, luego se vuelve a calmar y no pasa nada. Por ejemplo en la última inspección no llegaron a este piso.
-No hay sindicato.
-Ya tengo 35 años por aquí y las cosas no cambian.
domingo, 18 de noviembre de 2007
Guachimán / saldo total: 11horas-15minutos
César trabaja en la puerta del edificio de producción de canal 7, en la calle José Gálvez. No se cuantos años tiene, no le calculo la edad... Cada vez que entro, cada vez que salgo, él siempre apunta mi nombre en su cuaderno cuadriculado. Varias veces le he preguntado, casi en joda, por qué no finge que no me vio y deja de escribir (entro cada media hora). Él siempre responde con una sonrisa y luego dice: Es la chamba Iris, es la chamba.
Davis, como el hijo de aquél que se fue al cielo, es otro de los guachimanes de canal 7. Él trabaja en la puerta de las islas de edición. Me dijo hace un par de días, que tiene mucha suerte porque en ese puesto puede estar sentado y no pasa frío.
-¿Cuántas horas trabajas? Le pregunté un día a Eddie o Darky (como le digo yo) .
-12 horas. Pero descansamos 45 minutos.
-Con razón siempre te veo aquí, Darky.
Crecemos más que China y ya tenemos TLC... Cosas para celebrar dicen por ahí.
Sin embargo algunos problemas urgen de ayuda.
Los guachimanes en canal 7 trabajan casi 12 horas seguidas. De los 7 días de la semana sólo descansan uno. El lunes salí tarde de trabajar y me fui directo a casa. A comer rico, bañarme rico y dormir rico. Me despedí de Davis en las islas y de Javier en la puerta principal. A la mañana cuando volví, los dos seguían ahí.
Un medio de comunicación, aún más un medio de comunicación pública, debe ser el lugar donde se protesta por la injusticia, donde se expresa el malestar popular. Un lugar donde se cumple la ley.
Algunos de mis amigos (editores por ejemplo). Tienen 8, 9 o 12 años de contratos. No estabilidad, no seguro, no futuro.
No hay futuro... Y tampoco hay presente
¿Qué podemos pedir de una persona que pierde media vida parada en la puerta de una oficina apuntado nombres en un papel cuadriculado?
La gente entra, sale y de pronto Carlos, Javier, Darky y Davis ya no son gente. Son parte del mobiliario, una máquina si les tocó cuidar técnica o una columna si están en la puerta principal. Muy pocos los saludan, casi nadie sabe sus nombres. Contra eso poco podemos hacer. De eso tendrá que ocuparse el Estado, en una reforma más amplia y profunda, una que trate valores y educación.
Sin embargo, reducir las horas de trabajo de estas personas, hombres y mujeres (olvidé a Rosa), no requiere nuevas modificaciones. Se restringe al simple cumplimiento de la ley.
¿O estoy equivocada?
Davis, como el hijo de aquél que se fue al cielo, es otro de los guachimanes de canal 7. Él trabaja en la puerta de las islas de edición. Me dijo hace un par de días, que tiene mucha suerte porque en ese puesto puede estar sentado y no pasa frío.
-¿Cuántas horas trabajas? Le pregunté un día a Eddie o Darky (como le digo yo) .
-12 horas. Pero descansamos 45 minutos.
-Con razón siempre te veo aquí, Darky.
Crecemos más que China y ya tenemos TLC... Cosas para celebrar dicen por ahí.
Sin embargo algunos problemas urgen de ayuda.
Los guachimanes en canal 7 trabajan casi 12 horas seguidas. De los 7 días de la semana sólo descansan uno. El lunes salí tarde de trabajar y me fui directo a casa. A comer rico, bañarme rico y dormir rico. Me despedí de Davis en las islas y de Javier en la puerta principal. A la mañana cuando volví, los dos seguían ahí.
Un medio de comunicación, aún más un medio de comunicación pública, debe ser el lugar donde se protesta por la injusticia, donde se expresa el malestar popular. Un lugar donde se cumple la ley.
Algunos de mis amigos (editores por ejemplo). Tienen 8, 9 o 12 años de contratos. No estabilidad, no seguro, no futuro.
No hay futuro... Y tampoco hay presente
¿Qué podemos pedir de una persona que pierde media vida parada en la puerta de una oficina apuntado nombres en un papel cuadriculado?
La gente entra, sale y de pronto Carlos, Javier, Darky y Davis ya no son gente. Son parte del mobiliario, una máquina si les tocó cuidar técnica o una columna si están en la puerta principal. Muy pocos los saludan, casi nadie sabe sus nombres. Contra eso poco podemos hacer. De eso tendrá que ocuparse el Estado, en una reforma más amplia y profunda, una que trate valores y educación.
Sin embargo, reducir las horas de trabajo de estas personas, hombres y mujeres (olvidé a Rosa), no requiere nuevas modificaciones. Se restringe al simple cumplimiento de la ley.
¿O estoy equivocada?
sábado, 17 de noviembre de 2007
Martina
Que difícil es quererte a veces, Martina
siempre digo. Digo y repito: Las amo amigas de la vida, amigas del corazón.
¿amigas ausentes? (lo son)
Hace mucho que no están.
Tu siempre estás
En las mañanas sin coca cola, en los miércoles de no respirar, en las peleas y huídas, en las travesuras de sótano y tercer piso...
En las medias sonrisas
Te vas y vuelves. Luego me voy yo
No somos almas gemelas.
Da lo mismo, igual te voy a cantar cada 20 de abril
(siempre que extrañes al elefante alado, ese de TU mundo imaginado)
siempre digo. Digo y repito: Las amo amigas de la vida, amigas del corazón.
¿amigas ausentes? (lo son)
Hace mucho que no están.
Tu siempre estás
En las mañanas sin coca cola, en los miércoles de no respirar, en las peleas y huídas, en las travesuras de sótano y tercer piso...
En las medias sonrisas
Te vas y vuelves. Luego me voy yo
No somos almas gemelas.
Da lo mismo, igual te voy a cantar cada 20 de abril
(siempre que extrañes al elefante alado, ese de TU mundo imaginado)
domingo, 4 de noviembre de 2007
huye-corre
Me gusta clasificar los sonidos de la noche:
1. mi gata, Vieja, comiendo la última porción de galletitas apestosas
2. la tele del cuarto de mis hermanas que se prende en discovery health
3. el último timbrazo del teléfono
4. la puerta que se cierra (y el candado que se cierra también)
-Me gustan tus tetas blancas, dices
-Están atrofiadas, digo. Y quiero dejar de estar debajo tuyo para
ir a mi primer cajón y enseñarte todos mis sotenes, son muy grandes
o muy chicos, antes me quedaban bien. Están atrofiadas, sonso.
5. mi disco de jose jose en la número 11
6. las pastillas que saltan en el pomo que trae mamá: Toma una Iris (con un vaso de coca cola, porque sino no tomo... Ella sabe)
7. Ursula riendo
8. Carolina llorando
9. el gato de la vecina que maulla buscando a Petra, mi otra gata
-Me gustan tus tetas blancas, repites terco
-Maldita sea, te voy a botar de mi cama, están atrofiadas ¡Date cuenta!
10. tu bajando la escalera caracol (no hagas ruido, vas a despertar a alguien, huye-corre, despacito)
sábado, 3 de noviembre de 2007
No lo escribí yo. Es un mini cuento regalo de JUANKA
Iris que ha buscado definiciones para su nombre me escribe en el Messenger Iris dice siento que apesto ya me bañé dos veces y siento que sigo apestando pero cuál es el motivo por qué apestas le pregunto de manera casi natural casi por inercia dirían aquellos aprendices de físicos o aquellos que para sonar más interesantes utilizan esta palabra boba quizás para darse cierto aire de sabelotodos no me responde Iris Iris dice: … Iris tiene muchas cosas en la cabeza para estar respondiendo todo lo que uno le pregunta su cerebro va demasiado rápido va de Ganímedes al séptimo asteroide del cinturón de asteroides en tan solo segundos los que la conocen saben de lo que hablo sin embargo aún persiste la duda sigo pensando por qué Iris apesta seguro ha pisado una gran mierda de perro en alguna calle de su fotografiada santa catalina pero no responde nunca responde Iris dice: no encuentro un sostén cómodo de pronto todos no sé xq o son muy grandes o muy chicos no se q paso con mis senos se atrofiaron ahora me encuentro hablando de senos con ella no sé qué decirle sus senos son grandes como su corazón pero no es bueno decirle eso Yo dice: pero en el futuro seguro habrá ropa q se amolde al cuerpo como en aquella película de volver al futuro Iris dice: ropa mágica Yo dice: ropa futurista Iris dice: la ropa nunca cambia nosotros cambiamos que mierda siento que apesto que estoy atrofiada otra vez dice que apesta otra vez la duda pero otra vez no me responde se ha quedado pensando en la palabra mágica es que ella es así medio bruja medio loca medio pastel medio distraída medio perversa medio taciturna medio maga Iris dice: titinger en la ultima etiqueta negra empieza diciendo q no existe la magia ahora odio etique negra Iris dice: y era una de las pocas cosas en el mundo q me hacia sentir bien Iris dice: leer etiqueta negra Iris dice: ahora la odio porque titinger dijo q no existe la magia pero claro que existe Iris la magia existe sino acuérdate de aquel comercial de cerveza que dice la magia está en los detalles y sin duda tú eres un gran detalle para todos Iris dice: me voy besos siempre termina yéndose
NOTA: Lo tituló Conversaciones banales (yo pensé que banales era con v). Gracias Juanka, te quiero mucho, es de lo más lindo que me han regalado.
NOTA: Lo tituló Conversaciones banales (yo pensé que banales era con v). Gracias Juanka, te quiero mucho, es de lo más lindo que me han regalado.
viernes, 2 de noviembre de 2007
Ocobamba, verde agua
En el sillón de la oficina, mi jefe, todas las mañanas hace una ruma con los periódicos del día. Hoy, el del tope era Perú 21. Nueva incursión terrorista, era el título, con gruesas letras rojas. Las letras no llamaron mi atención.
No quiero hacer un análisis semiótico de la foto de portada. Aunque sería bueno que algún experto lo haga.
La comisaría de Ocobamba está destruida. Sus ventanas son agujeros ciegos delineados de blanco. La comisaría de Ocobamba es verde agua y dos policías en medio de los escombros recogen una bandera sucia. Llamó mi atención la comisaría verde agua de Ocobamba.
No me impacto, debo explicar, la sincera crudeza que mostraba esa foto de primera página. Y debo volver unos años o muchos atrás para explicarme bien.
Cuando abrió la exposición Yuyanapaq yo estaba en la universidad llevando fotografía1. Susana, mi profesora, exigió visitar la muestra. Así lo hice. Una, dos, tres veces.
Luego llevé a mi mamá y mis hermanas.
Justo cuando entre a trabajar la muestra se mudó al museo de la Nación y fui yo la encargada de cubrirla.
Algo conozco, entonces, esas fotos.
Una de las primeras, casi a la entrada, dibuja una comisaría en ruinas. Llena de escombros, dos hombres recogen del suelo la imagen de Belaúnde salvada del desastre. La actitud de estos es la misma de los policías de Ocobamba: Más allá de la miseria y mezquindad, de la crueldad sin sentido, recogen un resto de dignidad.
Para mí la portada de Perú 21 esta mañana (en la ruma del sillón) fue transportarme a la exposición del Museo de la Nación con sus muros fríos. Fue volver a la casa Riva Agüero y escapar de ella para tomar una bocanada de brisa de mar, y luego llorar por esa voz de madre sin hijo retumbando en mis oídos. Antes, mucho antes, fue volver a mi niñez. Fue tener miedo al apagón y al bum ensordecedor y lejano, y más miedo al cuento de la muerte carcancha que me contaba la abuela Hilda (mientras esperaba que mis papás lleguen bien a casa).
La foto de Ocobamba me transportó a esa comisaría destruida con la cara de Belaúnde. Y esa comisaría me trajo a Ocobamba ciega y verde agua... Y no supe durante unos segundos donde estaba yo.
Quiero terminar con una frase esperanzadora, pero hoy no conozco ninguna. Análisis políticos tampoco hago. Cuando leo el futuro sólo leo líneas y me restrinjo a los problemas amorosos de mis amigas, nada puedo decir de lo que viene. Termino entonces con unas palabras robadas, que pretenden solamente calmar mi (propia) ansiedad: Tener una foto ante los ojos es una prueba irrefutable de existencia [Susan Sontag].
No quiero hacer un análisis semiótico de la foto de portada. Aunque sería bueno que algún experto lo haga.
La comisaría de Ocobamba está destruida. Sus ventanas son agujeros ciegos delineados de blanco. La comisaría de Ocobamba es verde agua y dos policías en medio de los escombros recogen una bandera sucia. Llamó mi atención la comisaría verde agua de Ocobamba.
No me impacto, debo explicar, la sincera crudeza que mostraba esa foto de primera página. Y debo volver unos años o muchos atrás para explicarme bien.
Cuando abrió la exposición Yuyanapaq yo estaba en la universidad llevando fotografía1. Susana, mi profesora, exigió visitar la muestra. Así lo hice. Una, dos, tres veces.
Luego llevé a mi mamá y mis hermanas.
Justo cuando entre a trabajar la muestra se mudó al museo de la Nación y fui yo la encargada de cubrirla.
Algo conozco, entonces, esas fotos.
Una de las primeras, casi a la entrada, dibuja una comisaría en ruinas. Llena de escombros, dos hombres recogen del suelo la imagen de Belaúnde salvada del desastre. La actitud de estos es la misma de los policías de Ocobamba: Más allá de la miseria y mezquindad, de la crueldad sin sentido, recogen un resto de dignidad.
Para mí la portada de Perú 21 esta mañana (en la ruma del sillón) fue transportarme a la exposición del Museo de la Nación con sus muros fríos. Fue volver a la casa Riva Agüero y escapar de ella para tomar una bocanada de brisa de mar, y luego llorar por esa voz de madre sin hijo retumbando en mis oídos. Antes, mucho antes, fue volver a mi niñez. Fue tener miedo al apagón y al bum ensordecedor y lejano, y más miedo al cuento de la muerte carcancha que me contaba la abuela Hilda (mientras esperaba que mis papás lleguen bien a casa).
La foto de Ocobamba me transportó a esa comisaría destruida con la cara de Belaúnde. Y esa comisaría me trajo a Ocobamba ciega y verde agua... Y no supe durante unos segundos donde estaba yo.
Quiero terminar con una frase esperanzadora, pero hoy no conozco ninguna. Análisis políticos tampoco hago. Cuando leo el futuro sólo leo líneas y me restrinjo a los problemas amorosos de mis amigas, nada puedo decir de lo que viene. Termino entonces con unas palabras robadas, que pretenden solamente calmar mi (propia) ansiedad: Tener una foto ante los ojos es una prueba irrefutable de existencia [Susan Sontag].
jueves, 1 de noviembre de 2007
Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, fotógrafo

En la vastedad de los cambios económicos, sociales y políticos que transformaron la fisonomía latinoamericana en el último medio siglo, terminaron por destruirse en el arte fórmulas realistas incapaces de abordarlos estéticamente. Más adelante, con la llegada de nuevos contenidos y enfoques de recambio (y al contrario de lo que pudiéramos pensar) no se asistió a un alejamiento de la realidad. Los viejos temas no se interrumpieron, pero fue su tratamiento, que con procedimientos distintos, se volvió más rico y revelador.
Se recompuso la crisis contemporánea de América Latina, en obras que preferían elementos existenciales e irracionales. Pero que al mismo tiempo se revitalizaron con la realidad urbana y los temas rurales. En este campo está Juan Rulfo (prosista mexicano), hombre registro de la experiencia latinoamericana que acabó de encontrarse en varios campos del arte, con formas lo suficientemente precisas y lo suficientemente depuradas para afrontar lo desmesurado y dramático de su entorno.
La obra literaria de Rulfo es breve pero densísima, sobre todo en la composición de los personajes, aparentemente sometidos a fuerzas sobrenaturales. Con el mismo espíritu, y abierto a nuevas posibilidades expresivas ingresa más tarde a los dominios de la química fotográfica.
En los últimos años viene generando alrededor del mundo gran interés la obra fotográfica de Juan Rulfo. Mucho más que una afición incidental (el legado completo comprende más de seis mil negativos), las fotografías de Rulfo expresan el mismo mensaje de su obra escrita. La fotografía como parte fundamental de la estética y sensibilidad moderna recrea y satisface su mundo fantástico maravilloso. Para él, la foto se convierte en un fabuloso instrumento intensificador de la mirada, en un soporte generador de nuevos conceptos.
El campesino está arando la tierra, está de pie en un terreno inestable junto a las bestias. Sobre él un cielo dramático se exagera por el contraste, la atmósfera parece tragarse al hombre. La humanidad se pierde ante el inmenso del paisaje. En una naturaleza dominante o dentro de monumentales construcciones, aparece perdido un ser. Todo lo que lo rodea es bello. Sin embargo es una belleza que abruma, que no permite humanidad. Un universo irreal en busca de protagonismo propio.
Como en sus libros, las fotos de Rulfo dejan un sabor amargo, una pretensión de justicia y venganza.
Y es que el hombre en el mundo de Rulfo no sólo se pierde. Sus personajes se diluyen. Se diluyen por ser tan poco ante tanto. Y en medio de este mundo fantástico, de revancha, intuimos que es la pobreza la clave final. La humanidad hace que el marginal se pierda en el tiempo y en el espacio. Nunca estuvo ahí, siempre fue un desarraigado. Tanto así, que ni siquiera la realidad logra tolerarlo.
Juan Rulfo aborda la realidad con extremada crudeza. Lo hace desde distintos puntos de vista. Desde las letras, con la narración de historias fantásticas y la reproducción universos irreales. Y desde la fotografía, captando imágenes de su pueblo, imágenes cotidianas, que no pretenden. Pero que transmiten, así no lo quieran, una sensibilidad exacerbada y un espíritu solidario ante el sufrimiento humano. Que transmiten todo aquello que rebosa a raudales de la personalidad y el alma del artista.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)