Publicado por Presencia Cultural

No quería, pero tampoco voy a dejar pasar mis últimas impresiones.
Prensa es el bastión de la nada.
Algunos(as) se pasean vangloriandose por transmitir 3 horas continuas de inauguraciones en plantas de hidrocarburos; mientras el corazón palpitante del canal sigue muriendo. Cámaras de más de 7 años sin funciones de balance. Mesas en vez de trípodes. Computadoras de producción, en un supuesto staff de máquinas sin internet (con un par de impresoras del año 90).
Estas y mil historias más.
Es una gran caja de pandora, basta abrirla para descubrir todos sus secretos.
No pretendo descubrir nada ahora que me voy. Este texto es más bien un pequeño homenaje a todos mis compañeros del seven channel (como me gustó siempre decirle).
Un homenaje a aquellos que nunca se dejaron vencer por la desidia estatal... Y que siempre me recibieron con el alma abierta.
Porque fue este, algo así como mi primer trabajo verdadero. Fue mi punto de partida. Mi inicio en eso llamado vida real. Hasta hoy que me voy, me di cuenta. Y pude pasar 2 años aquí en el 7, contra todo pronóstico, con caída, ruptura de tibia y peroné incluídas; gracias a todos ellos.
Gracias entonces, amigos míos.

Algún sentido debe tener eso mostrar doscientas o trescientas fotos en el hi5. Las enseñas a todos tus amigos, y a todos quienes quieran verlas por en el infinito universo de la red. Historias propias con el novio último y con el anterior, y con el más antiguo, de paso... Claro, en carpetas separadas.
Amores que son y amores que fueron se suceden por millones entre marcos virtuales de mariposas lilas o cuadrículas rojas, azules y amarillas (no preocuparse, hay cientos de opciones más).
¿poco de verdad? ¿mucho de fantasía?
Cuando entro sólo hay sonrisas o caras sexys (esas sí, muy serias), cuerpos esculturales y hasta idílicos paisajes. Un sólo click y bum, aparece al instante la vida de cualquiera, dispuesta a regalarse. Parece un acto de magia negra. De la infancia a la universidad, del novio al trabajo, y del trabajo a las noches sórdidas, como no.
Yo también tengo hi5, no lo niego. Tiene 13 fotos, mi número de suerte. Reviso la página cada 2 semanas y disfruto mucho cuando descubro a quienes suelen visitarme. No hay muchos datos y no aparezco con poca ropa o mirando a la cámara seductora... Aburrido, lo llamaría Jimena, mi sobrina de 17 años, fanática empedernida y confesa. O Mariana, mi amiga de 28, quien tiene 223 fotos colgadas en el suyo.
Supongo que tener un hi5 bien surtido no es cosa de edad.
La gente habla cada día menos, repito. De lo cotidiano dice poco, de lo personal ya casi nada. Les preguntas cómo estás y responden nerviosos incoherencias. Es como si el mundo hubiera olvidado el conversar, el hablar. Yo misma estoy escribiendo ahora algo que quería decir. Quizás porque no me quieren escuchar y quizás porque ya olvidé cómo decirlo.
Mi propio ¿enamorado? No sé si lo somos realmente (a veces sí, a veces no). No puede articular palabra cuando le planteo un tema íntimo. Ni en el trabajo, ni en un Starbucks frente a un frapuchino moccha, ni en mi cama antes de ver una película.
Dani no tiene hi5. Quisiera a veces que lo tenga, así entendería un poco más de su alma huidíza... Dice mi sobrina Jimena que puedes conocer mucho a una persona cuando investigas a fondo su página del jai. Aparentemente se esconden muchos secretos entre las líneas perfectas de aquella hoja de vida coloreada por la tecnología.