
lunes, 25 de mayo de 2009
jueves, 14 de mayo de 2009
Las piedras jamás
Aquella vez salí de casa a caminar sin rumbo. Tenía una sensación de pena aplastada en el estómago. Sé porqué.
Yo camino lento, demasiado para algunos, y esa tarde en particular iba más lento aún. Fui de costadito muchas cuadras, raspando el borde derecho de la calles hasta llegar a Libertadores. Ahí comí con gusto el primer aire sucio del año, y el triste sabor a musgo y mar de piedras de Lima en invierno.
Esa mañana había sido linda, con sol pleno y día de las madres. La tarde en cambio, no.
Me cansé de caminar en poco más de una hora (suponen bien, no hay aquí una gran historia) y tomé sin prisas un violento taxi azul. La humedad del cielo se metió por las ventanas del auto como un ladrón en casa ajena. El agua corrompió mis párpados, mis pelos lacios, mis fosas nasales. Respiré poco aquel regreso.
Hoy fue una mañana linda, casi sin sonidos. Pocos motores reducidos a la mínima potencia por el feriado nacional, una calle de pocas gentes, perros distinguibles, un par de gatos y nadie te veía. No hubo historias que contar, ni historias que escuchar.
Me gustó así: La mañana linda.
