Encontré el libro en último estante del centro comercial. Era una noche hueca de marzo de 2015 y la luz blanca e impersonal maltrata mis pepinos amarillos, mis jamones salados y mis yogures de fresa. Mi carrito de rejas desfila como gato sin casa, atento, por el segundo pasillo de la antigua residencia. En el estante superior derecho descansaba el libro. Color puro, misma cara a la tapa interior, los ojos sucios igual de plomos.
Mientras cumplía mi lista de hogar blando me asomé: Tu libro no me llama la atención, fueron tus ojos.
Por más pequeños me dicen lo mismo, me cuentan una y otra vez nuestra historia plana, sin recovecos, sin movimientos.
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domingo, 4 de octubre de 2009
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