Dice Susan Sontag:
¿Hay un antídoto a la perenne seducción de la guerra?
Seducción que generan los medios: La foto, la imagen instantánea, la televisión, la internet. Lo que se mueve, inmediato es deseado. Y la necesidad es nuestra de tener al muerto en el instante preciso en que muere, almorzando con la familia en la mesa de la cocina.
Prosigue la autora:
¿Y es posible que esta pregunta la formule una mujer y no un hombre? (Probablemente sí). ¿Podemos llegar a movilizarnos activamente en contra de la guerra por una imagen (o un conjunto de imágenes)…?
Posiblemente sí.
Una narración sin embargo (cree ella), puede ser más eficaz que una imagen; y esto tienen que ver con el tiempo:
En el tiempo que se está, se está obligado a ver, a sentir lo que pasa. Un texto (novela, película o documental) dan la ilusión de poder llamarnos a ese compromiso antibélico.
Requiere cualquier texto años de distancia y nos obliga a ver con perspectiva el conflicto.
Hay también otras expresiones fotográficas, no ya las representaciones del «mismo» horror, que han convocado a la resistencia. Total, esos muertos, ya están lejos de estos vivos.
No podremos nunca comprender lo espantosa, lo aterradora, que es la guerra; y cómo se convierte en normalidad.
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Yo termino un nuevo libro de Susan Sontag y recuerdo que el horror dormía entre nosotros, era normalidad. Y luego de poco nos hablaron de reconciliación: Reconciliación en un país donde los muertos siguen vivos.
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Tema controvertido y tienes razón en cuanto al debate. Es iluso sin embargo hablar de reconciliación tan pronto. Verdad sí, sacar toda verdad a flote. Desenterrar la verdad que huele a tierra húmeda y huesos secos.
Y que la justicia castigue a los culpables.
Pero ¿De qué reconciliación hablamos? Los asesinos y las víctimas pululan todavía en el mismo pueblo, cruzan por la misma esquina, bailan en la misma fiesta... Faltan años para que se vean a los ojos sin gritar.
No sé detalles precisos de esa historia. Pero sé que en algunos pueblos de Europa después de la segunda guerra, los documentos que narraban toda la barbarie se escondieron bajo tierra (literalmente). Luego de decenas de años se abrieron. Y los decendientes pudieron recién hablar reconciliar. Pudieron recién pedir PERDÓN.
No han pasado ni 10 años desde la última bomba ¿Y ya exigimos el olvido? Más perspectiva. O el peor error de los peruanos será el anacronismo.